Era preciosa, más bonita que París, tenía las curvas más alucinantes del mundo; pero su curva más perfecta era sin duda su sonrisa. Sus ojos eran color café, de ese que provoca insomnios y su espalda era uno de esos lugares fascinantes a los que no te importa regresar cada noche y no te cansas de recorrer hasta la madrugada. Sus lunares formaban mi constelación favorita y su cintura tenía las mejores vistas de Dubai. Pero estaba rota joder las ruinas de Roma le tenían envidia y su cabeza, su preciosa cabeza era Nueva York en hora punta, la humedad en sus pestañas era Londres tras la lluvia. ¿Y Venecia? Venecia eran sus ojos cada noche que tu no estabas a su lado o cada vez que jugabas con ella se hundían barcos por sus mejillas y Venecia se ahogaba en ella. Pero ella, ella era diferente, de esas que te calan hasta el alma y te hacen dar la vuelta al mundo en ochenta besos sin rozar el suelo, sin pararte a mirar para abajo y pensar que algún día caerás y entonces chocarás contra la dura realidad, esa en la que a ella ya la valoran como se merece y tu, tu entonces te darás cuenta que ahora de nada te sirve recoger todos y cada uno de los pedacitos en lo que te rompiste en el impacto y quererla con cada uno de ellos, que ya es en vano, pues ahora ella, esa que tantas noches en vela pasó pensando en ti se ha dado cuenta que merece algo más, merece ser feliz y tu ya no estas entre sus prioridades sino que pasaste a ser uno de esos sueños que se entierran con lágrimas en los ojos y el corazón roto. ¿Te acuerdas? Es el corazón que tu rompiste, que ya es demasiado tarde para recorrer el mundo sobre su cuerpo.
Elena
sábado, 23 de enero de 2016
viernes, 4 de diciembre de 2015
DICEN
Mucho se dice eso de que cada quien elige con quien complicarse la vida, con quien compartir cada día, cada hora, cada minuto. Pero a mí nadie me advirtió que llegarías sin previo aviso y que formarías parte de mi vida así; como el tequila de golpe y sin siquiera pararme a pensarlo. No eras lo que buscaba, a decir verdad ni siquiera había barajado la posibilidad de lanzarme a depender de alguien más que no fuera yo misma. Pero te colaste muy dentro de mi y no me preguntes cómo, yo tampoco lo sé pero acabaste siendo lo único que necesitaba, yo solo era la vida que ya tenía, pero tu acabaste siendo la vida que me faltaba. Imposible describir tantos sentimientos sobre un papel, si ni siquiera yo comprendo lo que ocurre en mí cuando a penas queda espacio para el aire entre nosotros. Ser como hielo y fuego; a veces tan frío que quema, a veces tan caliente que abrasa. Comas, puntos y a parte incluso cambios de capítulo pero no punto y final, aún no, siento que apenas hemos pasado del prólogo todavía, que tu eres mi inicio pero también mi fin. Cada día algo nuevo, cada día tan diferente pero siempre eres tu mi día a día. Que las segundas partes no son buenas dicen, pero.. ¿Por qué preocuparnos de eso? Nosotros ya vamos por la tercera. Y ya sabes, ahora toca eso de a la tercera la vencida.